Por otra
parte , esa moraleja es propia de los relatos infantiles, y los estudios de
audiencia reflejan que esta es la edad mental de la audiencia.
Casa de Muñecas de Ibsen, no tuvo buena
acogida del público cuando se estrenó, porque lo que pretendía demostrar con la
conducta inmoral del protagonista rompía frontalmente con lo establecido en esa
sociedad. La manipulación de la verdad hacia lo polémico genera un conflicto
ético con las verdades aceptadas que se pretenden suplantar. El público del
teatro siempre ha sido pasivo, no polemiza con el autor, pero con Ibsen el
teatro se volvió polémico porque el intentó convertir a la audiencia en una asamblea. Los escritores de
telenovelas somos en cierto sentido herederos de Ibsen.
La tragedia
persigue el triunfo de la verdad produciendo en el espectador una emoción
paradójica que va de la desdicha al contento, aunque esta a veces llore, no
será de tristeza sino de felicidad por la emoción producida. A este estado los griegos lo llamaban catarsis.
Por
ejemplo, Drácula es maldad 100%, es un solo polo sin duda ni arrepentimiento.
Con el triunfa el mal y deseamos que triunfe el bien para que se rediman las
víctimas. En este caso, la estaca es el símbolo de la catarsis, a través de
ella el mal tendrá un resultado liberador.
La catarsis
no necesariamente conduce a la felicidad aunque triunfe la verdad; a veces
conduce a la reflexión, como cuando se decide a ir a un psiquiatra: ahora
comprendo que no puedo manejar solo este conflicto, necesito a alguien que me
oiga aunque sólo sea para que yo mismo tome conciencia de la verdadera
dimensión del problema. Al comprender la verdad, me siento feliz por la
liberación que me produce y vuelve el orden a la vida. Sócrates decía: “si
entiendes, eres feliz”.
Perdonen la digresión, pero esta relación del
hombre con la verdad nos ayuda a entender cierto tipo de comportamiento: la
persona que es violenta porque va guiada por una idea fija de la que no está
segura; “el que no está seguro de lo que no puede estarlo”, que es una
definición del “liberal”; el “fanático”, que está seguro de muchas cosas, suple
con violencia desatada la evidencia que le falta y está dispuesto a borrar
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