memorable
escena. Electra le cuenta como su madre ha matado a su padre. Y le propone
matarla a ella a su vez y que el mismo sea el vengador. Se engentra en el pecho
de Orestes el deseo de una horrenda venganza, se dirige a donde vive su madre y
la apuñala junto a su amante. Los dioses se enfurecen por este crimen
monstruoso. Y caen las “pestes” sobre el pueblo. En la tercera parte Orestes,
sombrío, destrozado por aquellos agobios, por aquellas plagas y porque los
dioses no la perdonan, llama al pueblo y les pregunta ¿ustedes me quieren como
el hombre que los dirija? Y el pueblo lo perdona en el acto. Es el primer acto
democrático que existe en la cultura de
Occidente: el pueblo vota por él y le devuelve el poder.
Entonces,
las céforas atormentantes y malvadas que habían quedado, se transforman en
Eumenias benéficas y reinan la prosperidad y la paz sobre Atenas porque el rey
Orestes ha sido perdonado de su monstruoso crimen.
Los pueblos
generan mitos, algunos son universales y otros locales, como cuando en
Venezuela le atribuyen al escritor Arturo Uslar Pietri el mito de ser “el
hombre culto”. Los griegos y los romanos crearon toda una mitología de dioses
antropomórficos. Jung, por su parte, afirmó que todas las personas vivimos de
alguna manera un mito y cada uno debe descubrir el mito al que pertenece.
Decía
Valle-Inclán: “En el castellano la palabra puede ser tan hiriente que se
convierte en un cuchillo”. Es interesante observar que en español, el verbo más
usado es “dar”, en cambio en inglés es tomar y en francés “hacer”.
Toda
heroína encarna la esencia del pueblo y le elabora una conducta superior al
espectador. Debe pertenecer a la mayoría de la gente, porque la cultura popular
reconoce la torpeza como parte de la vida, pero la heroína le añade, por
ejemplo, la audacia magna.
El villano
se coloca fuera del mundo popular, no es de los nuestros- porque está asociado
al poder o al dinero; el refrán popular
“el rico es el villano del pobre” refleja esta cierta conciencia de clase.
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